Testimonio Cote Gambino

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Testimonio Cote Gambino

Category : Mensaje

Mi paso por la Jufra estuvo lleno de cambios y posibilidades para relacionarme con otros tantos jóvenes, me fui adaptando a las diversas personalidades de mis hermanos, donde experimenté cambios en la personalidad y percepción de las cosas, conocer más en profundidad la espiritualidad franciscana que sin lugar a dudas, me vio crecer por tanto tiempo, pero por sobre todo a crecer como persona. Cuando daba mis primeros pasos, en el año 2007, fue una tarde en la que mi fraternidad de cuna, se reunía para hacer ramitos para domingo de ramos, tras la acogida que me brindaron, no dudé ningún minuto en seguir participando cada semana. A diez años de haber caminado lo suficiente, conservo grandes hermanos que fueron apoyo y sostén en todo momento. Durante esta década, pertenecí a tres fraternidades: Jufra José Antonio, Esperanza Franciscana y Los tres Compañeros, fundadas en La comuna de La Cisterna, por lo que nunca emigré de mi parroquia.

La Jufra es un camino optativo en el que los momentos son muy significativos, como, por ejemplo, durante toda mi permanencia, mi formación consistió en participar en diferentes instancias, asumiendo responsabilidades, servicios, misiones, retiros, jornadas, participación en consejos y encuentros locales, zonales y nacionales. Así mismo, en el año 2014, por obra del Espíritu, el Señor me llama al servicio de la animación nacional, con un montón de sentimientos encontrados, acepté sin pensar que el trabajo sería duro, sin embargo, fue felizmente llevadero con un muy buen equipo de hermanos, representantes de cada zona. Fue una época de formar lazos y cortar otros, de mucha entrega y de mucho amor a este bello movimiento. Ese mismo año, Jufra Chile tuvo representación en una asamblea internacional de la misma, en donde aprecié lo verdadero de nuestro movimiento, ¡¡no tiene fronteras!! La familia espiritual, se hace presente en cualquier momento y lugar.

Si tuviera que recordar los encuentros nacionales a  los que fui, fueron exactamente cinco, el primero que me dejó con más de una enseñanza fue uno que  se desarrolló en un zona rural en Olmué, año 2007, nunca dimensioné lo que era estar en la JUFRA, grandioso por decir lo menos, gratitud por todo lo que viví, jóvenes de norte a sur convocados a un solo llamado, fue una experiencia única en la que experimenté por primera vez, el cariño y respeto por mis hermanos, interactuar y compartir con tanta gente linda, dormir en salas contra el piso, duchas con agua fría, madrugadas y trasnochadas, comida muy poco apetecibles, pasar frío, hambre entre tantas otras cosas, experiencias únicas,

Otros encuentros que le sucedieron fueron: en el año 2010, el “Encuentro Sudamericano”, que duró prácticamente una semana, en el que participaron varias delegaciones Jufra que forman parte de conosur: Paraguay, Brasil, Colombia, Perú, Bolivia, entre otras; llevándonos a vivir una de las experiencias más enriquecedoras de mi historia en la Jufra, ya que era primera vez que se generaba un encuentro de esas características en nuestro país; en el 2012, en la localidad de Molina, se desarrolló  otro evento nacional, encuentro que fue marcado para que mi fraternidad de cuna se retirara del movimiento. En el año 2014, en Arica, fue el último encuentro nacional, que viví como base en la fraternidad EFRA, posterior a este encuentro la fraternidad comienza a vivir una crisis de inactividad en el movimiento y, por varios intentos de solucionarlos, dejo la fraternidad para comenzar un nuevo proyecto en la parroquia. Finalmente, en el año 2016, viví de otra perspectiva el encuentro nacional, desde la organización como parte del equipo nacional saliente y, tomado de referencia, la alegría franciscana de cumplir 40 años del movimiento en terreno nacional.

 

Acercándose una década desde que ingresé al movimiento, con dolor me retiro en Junio de este año, asumiendo los retos que se me aprontan, y con la satisfacción de que di los mejores años de mi vida al movimiento. La JUFRA la defino como un sentimiento, un amor incondicional a algo que es de uno y que al mismo tiempo es ajeno, es un vaivén de sucesos felices, tristes, de disconformidad de acuerdos, críticas; es una forma de vida única, una casa de formación cristiana, católica y valórica, un lugar de esparcimiento y discernimiento, para mostrarnos tal cual somos, sin espejos ni ataduras. La JUFRA la veo como una relación sentimental que es para toda la vida, se opta por ser parte de ella y se mantiene viva por mucho tiempo; se quiere, acepta, cultiva, ama, respeta, es un compromiso a diario, de responsabilidades, acoge el interés juvenil en hacer seguimiento, participación e involucramiento con la realidad que se vive en el día a día, donde los jóvenes demuestran su compromiso con la iglesia, promoviendo la paz y el bien que tanto Francisco como Clara proclamaban.

 

¡Estos diez años, fueron los mejores años de mi vida, GRACIAS DIOS!!, ¡¡GRACIAS JUFRITA linda y querida, por todo este tiempo, aprendizajes y experiencias!!

 

María José Gambino

 


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Himno Jufra Chile