En Cuaresma somos Jóvenes, misioneros y misericordiosos como Jesucristo

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En Cuaresma somos Jóvenes, misioneros y misericordiosos como Jesucristo

Category : Mensaje

“JÓVENES, MISIONEROS Y MISERICORDIOSOS COMO JESUCRISTO”

La Cuaresma no es el tiempo del castigo sino de la misericordia

Queridos Hermanas/os Jóvenes de la JUFRA,

Hace unos días atrás hemos culminado las “Misiones de Verano” 2016 en las localidades de Paihuano y Parral, la cual ha tenido como lema: “jóvenes, misioneros y misericordiosos como Jesucristo”. Este mismo cuaresma jufra 2016lema, he querido utilizarlo para la reflexión cuaresmal de este año. Normalmente hablar de cuaresma es referirse a castigo, tristeza, llanto y sacrificios. Pero la cuaresma es más que esto, me atrevería a decir, que es entrar en el proceso de crecimiento humano de la consciencia divina de Jesucristo, la conciencia de Hijo de Dios con la misión de anunciar e inaugurar el Reino de Dios en medio de nosotros. Por lo mismo, desde el bautismo de Jesús, escucharemos la voz del Padre: “Éste es mi Hijo querido, mi predilecto” Mt 3,17; y el Espíritu Santo acompañando la vida de Jesús, incluso para llevarlo al desierto. Jesús inicia con el bautismo hasta su estadía en el desierto, ese tiempo de crecimiento y reconocimiento de su propia identidad, para luego en su vida pública actuar de acuerdo a la voluntad de su Padre, que lo define como Hijo amado de Dios.

¿Qué nos puede sugerir este momento de la vida de Jesús en el desierto? En la semana de misión de Verano, sobre todo lo que hemos hecho, es entrar en la dinámica y vida de Jesús, aprendiendo como él a: estar disponibles, a estar atentos a las necesidades de la gente, a estar en una permanente actitud de salida, a ser comunidad y fraternidad, etc. Por esta razón, las lecturas bíblicas de cada día fueron tremendamente sugerentes, como si hubieran sido escogidas para el momento. Pero la verdad, es que cuando vivimos un tiempo fuerte de misión o solidaridad, entramos en el corazón mismo de Jesucristo. Por ello, algunos de ustedes decían: “es como sIMG-20151222-WA0000i estuviéramos viviendo el evangelio durante el día”.

Entrar en el corazón de Jesús, para ser como él: jóvenes, misioneros y misericordiosos, no es algo automático, sino que es parte de un proceso humano y espiritual, tal como Jesucristo lo vivió sobretodo en el desierto y durante toda su vida. El Señor, como hombre, también fue tomando consciencia de su condición humana y divina. Con mayor razón nosotros, los jóvenes, necesitamos aprender con nuestra disponibilidad y la gracia, a ser misioneros y misericordiosos. La misión de verano, fue una de esas instancias para ayudarnos a ser como Jesucristo. Pero también en cada momento de tu vida, puedes aprender a ser como el Señor. Por esta misma razón, la misión también la vivimos entre nosotros mismos, en nuestras relaciones de cordialidad y respeto, cuando nos cocinamos, cuando nos ayudamos y también cuando tuvimos que corregirnos. Entonces, ésta es la enseñanza de los cuarenta días de Jesús en el desierto, que nosotros también podemos crecer en la misericordia del Padre, como lo señala el Papa Francisco en el lema para el Jubileo de la Misericordia de los Jóvenes.

De esta manera, la cuaresma pide más misericordia que sacrificio (Mt 9,13), aunque muchas veces la práctica de la misericordia nos exige una cuota de sacrificio para dejar de lado nuestro ego, la comodidad, el ensimismamiento y la alienación existencial, y así, salir de nosotros mismos. San Francisco de Asís, es el hermano que vivió desde la misericordia. No por ninguna razón, dos santos franciscanos han sido puestos como ejemplos de la misericordia: San Pío de Pietrelcina y San Leopoldo. Ellos han bebido de la espiritualiddescargaad del Santo de Asís.

San Francisco de Asís, nuestro hermano, es uno de los santos que vive, piensa y siente desde la misericordia. Por eso, hoy más que nunca los franciscanos tenemos un gran desafío, el de actualizar nuestra espiritualidad con nuestra vida. En cierta ocasión, San Francisco escribe una carta a un Ministro Provincial que quería huir a un lugar apartado por el pecado de un hermano. Sin embargo, San Francisco le aconseja “quererlo así”. Para entender estas palabras de San Francisco, debemos tener como punto de partida el amor gratuito y misericordioso del Salvador. De lo contrario, Francisco de Asís parece ser un hombre extremadamente permisivo, pero no, francisco es un amante de Dios, que vive desde y para la misericordia. Por aceptar al hermano tal como es, tampoco pretende que continúe en su pecado. Lo  novedoso de Francisco aquí es el medio que utiliza para atraer al hermano a Dios. Francisco es el hombre convencido en medio de una sociedad restrictiva, inquisidora y castigadora, de que la conversión solo es posible por el amor. Por eso, dirá al Hno. Ministro: “No haya en el mundo hermano que, por mucho que hubiere pecado, se aleje jamás de ti después de haber contemplado tus ojos sin haber obtenido tu misericordia” (CtaM 9-10). Pero esto no le basta a Francisco, quiere amar a sus hermanos con la radicalidad de su mismo Señor Jesucristo, por eso, la medida del amor y la misericordia será para él, setenta veces siete: “Y, si mil veces volviere a pecar ante tus propios ojos, ámale más que a mí, para atraerlo al Señor” (CtaM  11). Esta será la única manera de que alguien alcance la conversión, siendo amada por Dios en sus hermanos. Este es 2261553807_4e42dd97d41 (1)el principio y la condición de posibilidad de la fraternidad franciscana.

San Francisco de Asís no es un voluntarista, sino un hombre que se encontró con la misericordia del Señor que le llevó a hacer penitencia. Por eso, para Francisco todo es don y gracia, incluida la misericordia. Por lo tanto, para obtenerla no hay condiciones y mucho menos para ofrecerla a los hermanos, pues a nosotros se nos ha dado primero gratuitamente en la cruz.

Hermanos/as jóvenes, esta misericordia hay que procurarla vivir en los tres ambientes que nos movemos cotidianamente: nosotros mismos, nuestra familia y fraternidad, y la sociedad junto a la creación.

  • Para vivir la misericordia con nosotros mismos, es fundamental vivir el sacramento de la reconciliación, como ese medio que nos regala gratuitamente la tierna misericordia de Dios. Por eso, les invito a acercarse a sus hermanos sacerdotes para reconciliarse con Dios y con ustedes mismos. Para prepararnos a vivir la reconciliación, busquen con mayor fuerza en este tiempo, la oración. Conversen con el Señor sobre sus vidas, sus pecados, miserias y debilidades. Él quiere abrazar esa realidad tuya.
  • La misericordia con nuestras familias y fraternidades es el modo de devolver gratuitamente a Dios en la persona de los hermanos, lo que él mismo nos ha dado primero. Hermanos/as debemos amar como Dios ama, incluso a nuestros enemigos. Dios ama mirando la miseria del hombre, para abrazarla. Nosotros también, debemos amar a cada hermano en su debilidad, en su miseria. Pero al mismo tiempo ayudándolo a crecer, y esto solo se logra, amando más intensamente aún al hermano/a. Por ejemplo, a veces renegamos por errores de nuestros padres, pero a ellos nadie les enseño a ser padres, y además nunca encontraremos padres perfectos. Aquí hay que mirar y vivir con misericordia. La misma mirada debemos tener en cada relación que vivimos con nuestros hermanos/as de fraternidad.
  • Para vivir la misericordia con la sociedad y la creación, pueden ayudarnos los gestos tradicionales de este tiempo como el privarse de algunos gustos y salidas en beneficio de los más pobres, mediante las alcancías de fraternidad. Sin embargo, me parece que nuestras fraternidades pueden hacer un esfuerzo mayor, y no quedarse tranquilo con el dinero depositado, por ejemplo, seguramente en nuestros barrios muchos ancianos deben vivir solos ¿Por qué no hacerse cargo de ellos? Para visitarlos, escucharlos, y rezar juntos.

Hermanos/as, “vivan en el amor” (1 Jn 6), ese es el mejor sacrificio que podemos hacer. Cuando amamos, estamos siendo más auténticamente nosotros mismos. Hemos sido hechos para amar y ser amados. En la medida que amamos, con mayor dedicación a los frágiles, pecadores, y pobres, estamos amando misericordiosamente como Jesucristo, y vamos creciendo en misericordia como él. Pero, ¡cuidado! Todo debe ser hecho en lo secreto, para que solo el Padre del cielo lo vea (Mt 6). Esto es importante, porque quien nos valida como personas y quien nos conoce es solo Dios. Hay que darse para ser lo que somos en verdad, hijos de Dios, hechos para amar y ser felices, pero no para presumir.

Hermanos/as, les deseo a todos una buena cuaresma, que nos permita crecer en esa misión misericordiosa como jóvenes.

Fraternalmente,

                                 Fr. Luis Cisternas Aguirre, ofm


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