“Fray Andresito: Todos pedían su ayuda, a todos les dio su vida”


 

Comenzar a hablar de Fray Andresito, es hablar no solo de un Hermano Santo que entendió con precisión el llamado de Jesús en su vida, sino que además lo vivió con una sencillez y candor que terminó por conquistar el corazón de todos los que acudían a la Recoleta Franciscana y los que fueron testigos de su paso en el Santiago de mediados del siglo XIX. Así lo destaca, el 14 de enero 1953, día de su muerte, la prensa de la época: “…su caridad evangélica le había granjeado tal popularidad, que podemos asegurar que no habrá una persona en la Capital que no le haya conocido. El pobre de Santiago ha perdido con él un apoyo y el consolador de su desgracia…”  (El Progreso, diario de Santiago).

El mismo Mercurio de Valparaíso, el 21 de enero afirmaba: “La fama de las virtudes del lego, la sana doctrina que vertían sus labios, los consuelos cristianos con que calmaba los sufrimientos del alma, la sublime caridad con que atendía al pobre en sus enfermedades, le dieron la popularidad que gozó en vida y el renombre de santo con que era conocido en el pueblo…” 

Esta fama de santidad que el pueblo fiel fue viendo en el sencillo limosnero y su apostolado incansable en bien de los más pobres y enfermos, le hicieron merecedor de nombres como “apóstol de la caridad”, “apóstol incansable del bien”, “santo religioso”. Mas tarde entrando en el siglo XX, nos encontramos no solo con su vigencia en la piedad popular sino que además, su faceta de hombre religioso y apostólico, adquiere nuevas dimensiones: “humilde limosnero franciscano”, “Fr. Andresito, el mendigo de Dios”, el “precursor del movimiento obrero”, “protector de los desvalidos” y “médico de los enfermos”. Desde esta retrospectiva no solo del sentir de la gente, sino que desde los medios que cubrieron ampliamente los hechos sucedidos en torno a la persona de Fray Andresito, es posible destacar algunas características que lo transforman no solo en un modelo de santidad para la Iglesia sino como una forma de entender la Buena Nueva de Jesucristo, pero aún más de vivirla y testimoniarla en su acontecer diario.

 

 

 

  1. Fray Andrés, un apostolado que nace de un Amor Sin Reservas: Los testimonios abundan, Fray Andrés se caracterizó por un intenso apostolado marcado por la caridad. Las puertas del Convento de la Recoleta era un lugar privilegiado para escuchar y confortar a quienes buscaban una palabra de aliento o bien una de esas milagrosas medicinas que solo él sabía preparar y que tanto bien hacía; además visitaba frecuentemente la Cárcel de Santiago y el Hospital, lugares donde llevaba una palabra de aliento y un gesto de acogida y solidaridad en medio de tantas necesidades. En Fray Andresito nos encontramos con un apóstol infatigable, donde su ternura no solo conquista el corazón del gran Santiago, sino que el amor de Dios vuelve a manifestarse sanando, confortando y acogiendo.

 

  1. Fray Andrés, un apostolado anunciador de Paz: Los días 7 y 13 de septiembre de 1851 estallaron en la Serena y Concepción, un levantamiento revolucionario en el que aparecía, como caudillo, el general de la Cruz que avanzó hasta Talca. El 8 de diciembre, día de la Batalla de Loncomilla, Fray Andrés vivió con angustia el evento, en oración, entrando y saliendo de la Recoleta, compartiendo las penurias de la gente. Días más tarde, el 18 diciembre 1851 se firmó la capitulación de Purapel, que puso fin a la guerra civil, iniciándose un nuevo período de paz y tranquilidad.

 

Este hecho tan complejo y doloroso para el país, Andresito lo vivió, como buen cristiano, con preocupación y en permanente oración. Sin embargo, su vida también sufrió momentos de rechazo y burlas de aquellos que, al ver su aspecto un tanto desaliñado, se mofaban y se reían; además, la vida del Convento no siempre le fue fácil por las incomprensiones y el trato que más de una vez recibió. Pero lo que hace la diferencia ante estos acontecimientos es donde se deposita la confianza. Fray Andresito, desde su niñez siempre tuvo una relación cercana con el Buen Dios que fue moldeando ese temple y le hizo centrar su vida en lo verdadero y en aquello que no cambia, Dios. Quien tiene a Dios en su corazón es morada no solo del Dios de la Vida, sino que además irradia una serenidad que es constructora de una paz duradera.

  1. Fray Andrés, un apostolado abierto al Dialogo: Fray Andrés fue un infatigable recolector de limosnas, recorría todo Santiago para buscar los medios necesarios para el sustento de sus hermanos y los más pobres; pero, además para iniciar la construcción del actual Templo de la Recoleta. En un ambiente no siempre propicio por las corrientes anticlericales de la época, el pueblo respondió con generosidad a la solicitud de Fr. Andrés. En esta itinerancia y peregrinaje Fray Andresito se fue relacionando con distintos tipos de personas provenientes delos más variados estratos sociales, de diversas miradas políticas y religiosas; sin embargo, su amabilidad y cortesía posibilitaron siempre que fuera escuchado y acogido.

Todo esto fue permitiendo reunir los recursos que fueron destinados para las obras sociales y la construcción del actual templo. En esta permanente apertura, merece ser destacado su sensibilidad social cuando reunía, en la Recoleta Franciscana, todas las noches, a las 21:00 hrs., a unos 50 obreros. Rezaban el Vía Crucis, tomaban una disciplina, decían algunas breves oraciones y finalizaban con algunas reflexiones del Hermano. Entre los años 1850 y 1851 junto al P. Francisco Pacheco, reunieron a los obreros en la “Hermandad del Corazón de Jesús”. Instancia que permitió la ayuda en sus necesidades espirituales y materiales, en casos de pobreza, enfermedad, vejez y accidentes de trabajo. Fray Andresito en este ámbito desplegó su capacidad de escucha para acoger y entender las problemáticas que se daban en la vida cotidiana de las personas; su carácter abierto al diálogo, le permitió ser querido y estimado por todos, especialmente por los más pobres a los que dedicaba gran parte de su tiempo, por no decir su propia vida.

 

En el horizonte del Chile de hoy, la figura de Fray Andrés vuelve a tomar un nuevo impulso y significación no solo porque mantiene, en el pueblo fiel, una intacta devoción y en aumento; sino que, además nos aporta un camino que nos desafía y que se constituye como respuesta a las innumerables problemáticas de nuestra sociedad.

 

 

Frente a lo polarizada de nuestra sociedad y la segregación que existe hoy y que es evidente; el limosnero de la Recoleta Franciscana, nos habla de un amor que sale de si mismo y se transforma en punto de encuentro; nos habla de una apertura y mansedumbre, que no genera violencia sino que es artífice de paz; y de una comprensión de mundo, que parte desde la capacidad de dialogar y sensibilizarse por la realidad que acontece.

Este el camino de Fray Andresito y es el desafío que nos propone su testimonio generoso y entregado por los valores del Reino.